BIENVENIDOS
Un buen día se abre la ventana y del cielo surgen una serie de reflejos que, instantáneamente, hacen que preguntes a tu madre: “Mamá, aquello que se ve a lo lejos, esas rayas que salen de las nubes, ¿qué son?”. Y tu amorosa y paciente madre te contesta: “!!Son rayos y apártate de la ventana que las acabo de limpiar y como no baje las persianas se me van a poner perdidos los cristales!!”. No te da tiempo a ver una luz más en el firmamento porque tu progenitora te ha mandado de un pescozón a la habitación contigua. Pero, pese a la rojez y el escozor de tu nuca, acabas de descubrir otras de las maravillas de la madre naturaleza: tu primer rayo.
El tiempo va pasando y acabas por asimilar que el fenómeno metereológico, por repetitivo, pasa a formar parte de las cosas que dejan de sorprender. Que dejan de sorprender hasta que abres el periódico y encuentras la siguiente noticia: “Pastor palentino hospitalizado por caerle un rayo mientras dirigía a sus ovejas de vuelta al corral”. Y tú piensas: “Ya es mala suerte que en 2.000 hectáreas de solitario y verde prado le tenga que caer precisamente a él un rayo en el cráneo. Por no hablar de las ovejas que.. llevando trescientas…ya le podía haber tocado a una de ellas…”. Así que la pasividad que sentíamos por él hasta ese momento se nos es devuelto en forma de miedo y respeto. A partir de lecturas como las de esa noticia dejamos en días de tormentas de subirnos a las torres eléctricas para recuperar cometas perdidas, de usar paraguas raídos que muestren varillas metálicas y de escondernos bajo los alcornoques de la finca de nuestro primo en uno de esos días de familiar excursión. Si hay que morir electrocutado que sea con un poquito más de dignidad, por favorrrr. O si no ¿para qué ponen entonces los enchufes cerca de la bañera?
Pasadas estas fases de amor-odio con Don Rayo llegamos a la que realmente nos preocupa y ocupa, la fase “Rayo Cegador”. Si bien un “rayo cegador” se podría comparar con un castigo divino (obviamos lo de “castigo” por no creer ser merecedores de él (o sí…) y lo de “divino” porque cada cuál que sustente como mejor buenamente pueda su fe), es esta una fase en la que, aunque no se deja de soñar, se comienza cada vez más a asumir lo evidente. En la que aburridos del pasar tedioso y rutinario de los días, plagados de malas noticias propias y ajenas, con el estrés en los talones y sin una lotería premiada en las carteras para poder irnos a Las Bahamas, decidimos no conformarnos y lo hacemos riéndonos ya no sólo del culo de nuestros vecinos, sino del propio que va tomando el perímetro de la arena de la “Maestranza”; donde perder la vergüenza no es lo mismo que ser desvergonzado; y apostar por una carcajada no es sinónimo de prepotencia velada.
Por eso este blog. Este proyecto que esperemos tenga ya no sólo una gran acogida, sino una enorme participación por parte de todos aquellos que queráis colaborar junto a nuestras humildes intenciones.